Palabras del Director
Nuestro colegio se fundó en 1983 para cooperar con los padres que quisieran dar educación católica a sus hijos. ¿Cómo hemos entendido la educación católica?
La respuesta a esta pregunta (una pregunta que admite muchos modos posibles de educación católica) la hemos cifrado, por una parte, en el lema Fidelidad a la verdad, y, por otra, en la figura de nuestro patrono san Francisco de Asís. En la unidad de aquel lema y figura del santo de Asís, queremos expresar aquella verdad que no solamente expresa una vocación intelectual, sino que afecta a todo el ser humano y a todo ser humano; se trata de una verdad de vida, la verdad que nos hace libres. Hablemos de aquella verdad que toca al corazón porque se trata de un Corazón. En el principio está el amor gratuito por el que Dios nos creó. Es desde esta dimensión que san Francisco entendió su vida y su relación con el mundo.
Tenemos la responsabilidad de educar a nuestros hijos; frente a nosotros tenemos un rostro, algo único e irrepetible, de altísima dignidad que exige ser amado como tal. Todo en la educación debe entenderse desde esta verdad radical acerca del ser humano: el conocimiento del mundo, el desempeño de un oficio en el mundo, la relación con los demás, la formación en el deber y la vida espiritual.
.El que educa, por otra parte, es siempre una persona, otro, que nos descubre (o nos puede descubrir esta verdad acerca de la vida). Es por otro, de carne y hueso —un padre, una madre, un profesor, una autoridad—, que se nos abre la posibilidad de vislumbrar la verdad de nuestro destino. De aquí que la obediencia tenga un valor fundamental, en el sentido formal de la palabra, es decir, el valor de un fundamento . Es un amor desinteresado el que puede mostrarnos el valor de nuestra existencia, el regalo del mundo, la vocación hacia el prójimo y, en definitiva, el Rostro de Dios. Como Colegio, extendemos esa vocación —que pertenece en primer término a los padres— de educar en la obediencia a quien nos ama gratuitamente