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Agosto 2018

Al comienzo el segundo semestre se nos presenta el mes de agosto con una invitación al agradecimiento a Dios por el cuidado amoroso con que nos va llevando cada día.

Este mes recordamos el aniversario del fundador del colegio D. Alberto Vial y la llegada de la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón al colegio, comenzando a producirse de manera tangible aquello que en el año 2000 el director del colegio pidió al Corazón de Jesús en la solemne consagración del colegio delante de todos los alumnos y que, año tras año, hemos ido renovando con la misma fidelidad y esperanza: “Ocúpate tú de mí y de mis cosas, que yo me ocupo de ti y de las tuyas”.

¡Cuántos frutos de misericordia! ¡Cuántos alumnos y profesores caminando, en medio de nuestras debilidades, pero con la confianza puesta en las promesas del Señor! Y al mismo tiempo ¡cuánto dolor por cada uno de aquellos a los que no conseguimos maravillar por el amor y la fidelidad a la verdad que intentamos mostrar en cada cosa que hacemos!

Invitamos a vivir las celebraciones de estas fechas a todo el colegio para que todos juntos, formando la familia del Colegio San Francisco de Asís, vayamos entrando en el descanso de la Verdad contemplada, conocida y gustada.

Junto con esta invitación queremos participar a todos de la alegría de la peregrinación a Tierra Santa y Roma que como colegio hemos realizado. Ha sido un regalo de Dios y una confirmación de la necesidad que tienen nuestros alumnos de conocer la religión cristiana como la religión del Dios del Amor, que se enamora del hombre y que, por nosotros y por nuestra salvación, baja del Cielo para redimirnos del pecado y de la muerte consecuencia del pecado. Ver el lugar de la encarnación, la acogida de María y de José, la pobreza de Belén, la agonía de su corazón enamorado en Getsemaní, los azotes y la cruz; y verlo salir victorioso del sepulcro para dejarse tocar las llagas de su costado y ascender al Cielo donde nos envía el Espíritu Santo, ha de marcar muy profundamente nuestro modelo educativo en la fidelidad a la verdad, en la misericordia y en la esperanza. Terminamos nuestra peregrinación renovando y prometiendo en Roma nuestra fidelidad incondicional al Papa, dulce Cristo en la tierra. Seguro que con el tiempo todos iremos participando todos de los frutos de esta maravillosa peregrinación.

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