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Mes de diciembre

Todos los pensamientos de este mes se dirigen al Niño Divino que nace para salvarnos. Comenzamos con la fiesta de la Virgen, la Inmaculada, porque es a través de ella por quien Dios da todas las gracias al universo, y el principal regalo de Dios es su mismo hijo.

Es tiempo de villancicos, de hacernos pequeños para entrar en Belén, de seguir los pasos de san Francisco de Asís contemplando en Greccio el primer pesebre que recordaba el nacimiento del Enmanuel, del Dios con nosotros. Es tiempo de prepararnos para recibir tan gran don, de agradecer el inmenso amor de Dios, que como dice la plegaria eucarística: “Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.

Y como el colegio quiere vivir y trasmitir este gozo y asombro, lo queremos expresar con un poema de Luis de Góngora:

Al nacimiento de Cristo, nuestro Señor (1600)

Pender de un leño, traspasado el pecho
y de espinas clavadas ambas sienes,
dar tus mortales penas en rehenes
de nuestra gloria, bien fue heroico hecho;

pero más fue nacer en tanto estrecho,
donde para mostrar, en nuestros bienes,
a dónde bajas y de dónde vienes,
no quiere un portalillo tener techo.

No fue ésta más hazaña, oh gran Dios mío,
del tiempo por haber la helada ofensa
vencido en flaca edad con pecho fuerte

(que más fue sudar sangre que haber frío),
sino porque hay distancia más inmensa
de Dios a hombre, que de hombre a muerte.

 

Dispongámonos a vivir este último mes del año recordando los inmensos beneficios que hemos recibido de Dios a través del colegio, y después de un arduo trabajo que recibamos el merecido descanso de las vacaciones de verano.

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