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Mes de noviembre 2018

Con motivo de su elevación al solio pontificio, Bonifacio IV, recibió un presente importante: el emperador Focas le regaló el Panteón (templo de planta circular, coronado por una impresionante cúpula, construido en el año 27 antes de Jesucristo por Agripa en honor de todos los dioses). Bonifacio decidió al punto convertirlo en iglesia y, en el año 609, consagró el edificio a «Santa María de los Mártires», en memoria de todos los que habían derramado su sangre por dar testimonio del único Dios. Se instituyó entonces la fiesta de Todos los Santos.

Por otro lado, en el año 998, San Odilón (abad del Monasterio de Cluny en el sur de Francia), añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada Fiesta de los «Fieles Difuntos». Este es el origen de las fiestas que celebramos en el inicio de este mes y, queriendo ser fieles a la tradición de la Iglesia, nosotros nos unimos a ellas sin dejarnos distraer por interpretaciones modernas que no conforman al hombre ni con su ser ni con su vocación. Recordemos aquello de las coplas a la muerte de su padre que Jorge Manrique escribió magníficamente: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando como se pasa la vida, como se viene la muerte, tan callando…”

Nos congregamos también en torno al mes de María, tradición que en Europa se venía celebrando en el mes de mayo desde los albores de la edad media, y que no se había trasmitido a nuestro continente, por los fríos invernales, hasta que en el año 1850 el rector del Seminario Pontificio Padre Joaquín Larraín lo estableció en esta fechas que ahora celebramos con gran acogida, fervor y devoción de los chilenos.

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