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Saludo Lunes 30 de Marzo

Queridas familias y profesores:

 

Estamos presenciando un duro golpe para el mundo moderno. Creíamos poderlo todo con nuestra ciencia y nuestra técnica, pero, sin embargo, un pequeño virus nos está humillando, nos ha puesto ante nuestra nada.

Cuando al inicio del tiempo cuaresmal la Iglesia nos dice, en la ceremonia del miércoles de ceniza, «recuerda que eres polvo y al polvo volverás», lo hace invitándonos a la conversión. La experiencia de nuestra pequeñez es un momento propicio para volver a Dios, confiar más en Él, dejar que sea Él quien mande y conduzca nuestra vida, porque Él es Dios, Él sabe más, Él puede más y, sobre todo, Él nos ama.

Les dejo con una preciosa oración compuesta por Santa Teresa de Calcuta. Pone en boca de Jesús palabras muy verdaderas que nos pueden ayudar a acercarnos un poco más al Señor y a abandonar nuestras vidas en sus manos.

 

Te amo como eres, mira que estoy a la puerta y llamo.

Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que Me permita entrar.

Y quiero que sepas que cada vez que me invitas. Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos, trayendo los muchos dones de Mi Espíritu. Vengo con Mi misericordia, con Mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Un amor en cada detalle, tan grande como el amor que he recibido de Mi Padre («Yo los he amado a ustedes como el Padre me ama a mí…» (Jn. 15,10). Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas. Te traigo Mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con Mi poder, que me permite cargarte a ti: con Mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con Mi paz, para tranquilizar tu alma.

Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti, hasta los cabellos de tu cabeza he contado. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para mí. Te he seguido a través de los años y siempre te he amado, hasta en tus extravíos. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones y, si, conozco todos tus pecados.

Pero te digo de nuevo que te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, te amo por ti, por la belleza y la dignidad que mi Padre te dio al crearte a su propia imagen. Es una dignidad que muchas veces has olvidado, una belleza que has empañado por el pecado, pero te amo como eres.

 

Un abrazo a todos, rezo mucho por ustedes, sus preocupaciones y necesidades. Que Dios les bendiga y la Virgen los cuide.

 

 

 

 Padre Josep Vives G.

HNSSC

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